miércoles, 23 de abril de 2008 – 20:09
"¿Tan mal te he caído que ya me quieres llevar a casa?"
Fué entonces cuando me pillaste. De una pieza.
Durante demasiado tiempo he intentado entender porqué. Algo. Cualquier cosa que pudiera llamar 'bueno' y que viniera después de todo lo 'malo'.
Y todo el tiempo que he estado sentado aquí hablando contigo, he recordado algo que no creo que haya dicho a nadie.
Aquel día estaba muy nervioso. Llegabas tarde y pensé que me habrías plantado. Lo cierto es que no me hubiese extrañado. Pero no fué así. Nunca olvidaré el momento en que vi aparecer tus rizos por la escalera. Tus botas rojas. Tu sonrisa. No parabas de excusarte. No parabas de hablar. Recuerdo que sentía mucha vergüenza. Me resultaba muy dificil mantener tu mirada. Mi corazón latía con fuerza.
Aquel día aprendí una de las lecciones más bonitas que me ha ofrecido esta vida. No importa a cuantas personas conozcas. Ni a cuantas, de entre todas ellas, creas que puedes llegar a querer. No. No importa. Porque lo cierto es que sólo hace falta un instante, un detalle, una chispa… una frase para enamorarse de alguien.
Ese alguien fuistes… eres… siempre serás tú.
Creo que… cuando intento resumir como… como me siento a veces en esta época del año… me siento triste. No triste como si fuera a echarme a llorar, sino como si sonara una melodía de Jazz melancólica… y triste.
Y añoro una época en la que una chica que conocía y que tenía una sonrisa increíble y un corazón inmenso me hizo pensar… que la vida puede ser fabulosa.