domingo, 13 de abril de 2008 – 02:13
kael'Thas, caminante del sol. Príncipe del reino de Quel’Thalas. Gran magistrado de los elfos de sangre. Consumido por tu insaciable sed de magia. Ahora no eres más que la sombra de lo que fuistes. Pobre diablo. Quisistes vengar a tu pueblo. Pero la venganza arde.
La comitiva ha burlado tus defensa. Tu inexpugnable fortaleza ya ha caido. Tu odio te ha cegado, y ni siquiera eres capaz de ver cuan cerca te hallas de la muerte. De espaldas a nosotros, sigues observando mapas… estudiando estratagemas que te evadan de la triste y cruda realidad.
Ahora, mientras te observo desde la relativa tranquilidad que nos ofrece la antesala al trono, me doy cuenta que el filo de mi espada será por fin tu expiación.
Mis compañeros me indican que ha llegado la hora. Asiento, pero no aparto la mirada. No hay tiempo para dudas. No hay tiempo para compasión. Desenvaino mi hoja. Me aferro al escudo. La gran puerta cede ante mi. Giras, y tus ojos se cruzan con los míos.
Son extraños los segundos que preceden a la batalla. La sangre hierve en mis venas. Dejo que mi grito inunde de templanza nuestros corazones y, sin más, cargo sobre tí.
kael'Thas, caminante del sol. Príncipe del reino de Quel’Thalas. Gran magistrado de los elfos de sangre. Hoy, tu espíritu será libre.