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    sábado, 24 de mayo de 2008 – 17:34

    Se respira tranquilidad.

    Dicen que el sonido del mar es relajante. No lo dicen en vano. Supongo que el tacto de la arena también ayuda. Recojo pequeños montones. Alzo mi mano, y dejo que esta se escurra lentamente entre mis dedos. Una y otra vez. Una y otra vez. El sol incide en mi espalda desnuda. La brisa marina acaricia mi piel. No tengo calor. No tengo frío.

    Es extraño. Apenas hay ruido a mi alrededor. Sin embargo, no estoy sólo. Cualquier día es bueno para disfrutar de la amistad. Hoy es uno de esos días.

    Alguien ha comenzado a hablar. Tal vez sea alguna broma. Si, tal vez. No acierto a confirmarlo. Sin quererlo, mis oidos han comenzado a esquivar las palabras. No es mala intención. No, no lo es. Mis sentidos intentan filtrar instintivamente la información innecesaria. Hay algo que ha llamado mi atención.

    No debe tener más de tres años. Tiene el encanto propio de una niña de su edad. Parece disfrutar mucho con los juegos de su padre. Ambos parecen disfrutar. Cada uno a su manera. Su alegría es contagiosa. Su alegría es envidiable.

    Los observo desde mi tranquilidad, y no puedo evitar pensar en ello

    Pero hoy no abriré esa puerta.

    Me limito a disfrutar del momento. A sentir el mar, la arena, el sol, la brisa. A sentir la felicidad que trasmiten padre e hija

    y a imaginar el día en el que sea yo quien haga feliz a otros.

    miércoles, 23 de abril de 2008 – 20:09

    "¿Tan mal te he caído que ya me quieres llevar a casa?"

    Fué entonces cuando me pillaste. De una pieza.

    Durante demasiado tiempo he intentado entender porqué. Algo. Cualquier cosa que pudiera llamar 'bueno' y que viniera después de todo lo 'malo'.

    Y todo el tiempo que he estado sentado aquí hablando contigo, he recordado algo que no creo que haya dicho a nadie.

    Aquel día estaba muy nervioso. Llegabas tarde y pensé que me habrías plantado. Lo cierto es que no me hubiese extrañado. Pero no fué así. Nunca olvidaré el momento en que vi aparecer tus rizos por la escalera. Tus botas rojas. Tu sonrisa. No parabas de excusarte. No parabas de hablar. Recuerdo que sentía mucha vergüenza. Me resultaba muy dificil mantener tu mirada. Mi corazón latía con fuerza.

    Aquel día aprendí una de las lecciones más bonitas que me ha ofrecido esta vida. No importa a cuantas personas conozcas. Ni a cuantas, de entre todas ellas, creas que puedes llegar a querer. No. No importa. Porque lo cierto es que sólo hace falta un instante, un detalle, una chispa
    una frase para enamorarse de alguien.

    Ese alguien fuistes
    eres siempre serás tú.

    Creo que
    cuando intento resumir como como me siento a veces en esta época del año me siento triste. No triste como si fuera a echarme a llorar, sino como si sonara una melodía de Jazz melancólica y triste.

    Y añoro una época en la que una chica que conocía y que tenía una sonrisa increíble y un corazón inmenso me hizo pensar
    que la vida puede ser fabulosa.

    domingo, 13 de abril de 2008 – 02:13

    kael'Thas, caminante del sol. Príncipe del reino de Quel’Thalas. Gran magistrado de los elfos de sangre. Consumido por tu insaciable sed de magia. Ahora no eres más que la sombra de lo que fuistes. Pobre diablo. Quisistes vengar a tu pueblo. Pero la venganza arde.

    La comitiva ha burlado tus defensa. Tu inexpugnable fortaleza ya ha caido. Tu odio te ha cegado, y ni siquiera eres capaz de ver cuan cerca te hallas de la muerte. De espaldas a nosotros, sigues observando mapas
    estudiando estratagemas que te evadan de la triste y cruda realidad.

    Ahora, mientras te observo desde la relativa tranquilidad que nos ofrece la antesala al trono, me doy cuenta que el filo de mi espada será por fin tu expiación.

    Mis compañeros me indican que ha llegado la hora. Asiento, pero no aparto la mirada. No hay tiempo para dudas. No hay tiempo para compasión. Desenvaino mi hoja. Me aferro al escudo. La gran puerta cede ante mi. Giras, y tus ojos se cruzan con los míos.

    Son extraños los segundos que preceden a la batalla. La sangre hierve en mis venas. Dejo que mi grito inunde de templanza nuestros corazones y, sin más, cargo sobre tí
    .

    kael'Thas, caminante del sol.
    Príncipe del reino de Quel’Thalas. Gran magistrado de los elfos de sangre. Hoy, tu espíritu será libre.

    domingo, 30 de marzo de 2008 – 09:21

    ¿Donde estoy? No recuerdo este lugar. No recuerdo como he llegado aquí. No recuerdo nada. Estoy confuso. Alzo mi cabeza lo suficiente como para comprobar que sólo una cosa abarca mi campo visual. Son mis pies mis pies descalzos. ¿Estoy tumbado? Si, estoy tumbado. Y no estoy solo.

    No es posible. ¿Qué haces tú aquí? Me miras. No dices nada
    . Aún estoy confuso, pero algo me dice que todo irá bien.

    Es extraña esta sensación. Soy feliz. Pero, al mismo tiempo, me embarga la tristeza. Tristeza. Ahora comprendo que no estarás aquí demasiado tiempo. Junto a mí. No importa. Te beso y dejo que mis brazos envuelvan tu cuerpo.

    Ya noto como se desvanece.

    Y mientras me despido de tí, pienso que, quizás, otro día pueda alzar la cabeza y contemplar mis pies descalzos

    Te quiero.

    domingo, 23 de marzo de 2008 – 17:53

    Aún recuerdo cuando me toco a mí. Nunca antes había estado en aquel lugar. Era más pequeño de lo que había imaginado. Descuidado. No daba la impresión de ser un lugar importante. No obstante lo era, lo es, a su manera.

    Nos nombran y, uno a uno, entramos en aquella habitación. Nos situan por filas. Me ha tocado junto a la pared. A la derecha. Supongo que cualquier sitio es válido para hacer lo que he venido a hacer aquí. Estoy junto a la ventana y, mientras él nos explica las reglas, yo miro al exterior intentando buscar la tranquilidad que me falta.

    No hay tiempo para más. El reloj ya ha comenzado su carrera.

    Aún recuerdo cuando me toco a mí. Pero no son más que eso recuerdos.

    No dejes que los nervios tomen el control.

    No dejes que las prisas respondan por tí.

    No dejes que la confianza te ciegue.

    Ahora te toca a tí

    suerte.

    miércoles, 26 de diciembre de 2007 – 19:33

    Me siento estupido. Utilizado. Una vez más estupido utilizado

    Apenas un par de días atrás. Tu tristeza. No puedo soportar tu tristeza. Sé que a la larga, tu tristeza será la mía. Pero no importa. Lo asumo. Consigo tu sonrisa. Te doy el más sincero de mis consejos. Te doy mi apoyo.

    Mi buena voluntad ya hizo su trabajo. Ahora sólo me queda esperar que pase el tiempo.

    Y ahora que el tiempo ha pasado, me vuelve a dar la razón. Porque, aquí y ahora, tú no estás. Y mientras, yo me siento estupido una vez más. Utilizado una vez más.

    No es justo. No. No lo es


    ¿Por qué no te das cuenta?¿Por qué yo, cuando nadie más te escucha?
    Simplemente ¿Por qué?

    No. No puedes exigir a alguien que te responda a una pregunta, si esa persona no conoce la respuesta.

    Pero la respuesta siempre ha estado ahí

    … y siempre estará ahí

    esperando.

    sábado, 24 de mayo de 2003 – 18:27

    Apenas corre aire. La calidez del sol es suficiente como para ser agradable. A mi alrededor casi todo es verde. Estoy rodeado de vegetación. Descuidada. Quizás insuficiente. El contraste con el sonido del continuo ir y venir de coches resulta extraño. Pero ahora eso no importa. Soy feliz. Después de mucho tiempo, por fin soy feliz.

    No sabría explicar como he llegado a estar aquí sentado. Junto a tí. Jugando jejeje. Sólo es un juego. Un juego inocente. Pero me gusta. Mantengo la mirada en tus ojos y evito sonreir. Es fácil. Parece que volveré a ganar de nuevo.

    Pero ahora algo es diferente. Estoy asustado. Mi corazón late con más fuerza. Apenas puedo pensar con claridad. Lo suficiente como para saber que no me dejaré vencer. Miro tus ojos tan sólo un instante más, y mientras cierro los míos, disfruto de este momento y me juro a mi mismo que nunca lo olvidaré.

    Nunca

    porque hoy

    soy feliz.

    martes, 06 de noviembre de 2007 – 21:02

    Otro día más. Este no ha estado mal del todo. Ahora, toca descansar.

    Ante mis ojos una marea de palabras dispuesta a ser asimilada por mi mente. Mi libro. Me gusta leer a esta hora. Mi cama es tan cómoda como siempre pero, sin embargo, hay algo. Algo que no es habitual. Algo
    extraño. Me distrae. Intento dar forma a las palabras una y otra y otra vez en mi cabeza. Pero ese algo me lo impide. Si. Sé lo que és. Me siento mal. Me siento mal conmigo mismo. Y sé porqué. Decir las cosas no siempre es fácil. Decir cosas que son ciertas y que pueden herir a alguien que quieres es difícil. Debería serlo al menos. Hoy para mi ha sido fácil.

    Si sirve de algo... me arrepiento. Pero ni el arrepentimiento de corazón más puro y sincero puede negar la evidencia. La dureza de mis palabras es ecuánime a su certeza. De eso no me arrepiento.

    Supongo que no tengo remedio. Así fuí, soy y siempre seré.

    Ya me siento mejor. En cuanto al libro


    mañana comenzaré de nuevo el capítulo.


    miércoles, 26 de septiembre de 2007 – 19:27

    El freno de mano está tensado a media altura. El motor aún está en marcha. Ya he llegado a mi destino, pero ella aún no está aquí. Jejeje, ¿Porqué será que no me extraña? Los siguientes minutos se me hacen largos. Demasiado. Intento pensar en asuntos ajenos a los motivos que me hacen estar aquí ahora Pero estas preguntas que no consigo responder son pacientes. Demasiado.

    La verdad es que no sé si he hecho bien. Perdóname. Quizás lo mejor sea huir de una vez por todas. Quizás la mejor forma de huir sea la más dolorosa.

    La realidad es esta. Enfréntate a ella

    y, de paso, disfruta de la película.

    miércoles, 12 de septiembre de 2007 – 17:43

    Joder, llego tarde. ¿Por qué no habré salido antes? No pasa nada, quince minutos dan mucho de sí. La lluvia me impide ver con claridad. Piso el acelerador un poco más, y mientras veo como la luna delantera recupera su nitidez, una y otra vez, me tranquilizo a mi mismo. No pasa nada, catorce minutos dan mucho de sí.

    Apenas han pasado cuatro desde que llegué. Aquí. Sentado. Creo que sólo he estado dos veces en esta habitación. Bueno… la primera vez no se si esto se podía denominar así. Miro a mi alrededor. No somos muchos. Conozco a casi todos. Todos peces grandes. No puedo evitar preguntarme que hago aquí sentado. Claro, quizás yo también lo sea ahora.

    Mi padre dice que el esfuerzo tiene su recompensa, tarde o temprano. Sonrío para mí. Mi padre. Qué fastidio conocer a alguien que siempre tiene la razón, ¿verdad? A veces es molesto. Siempre es útil.

    Las seis pasadas. Parece que después de todo no llegué tarde…

    …shhhhh…

    …comienza la clase.

    sábado, 08 de septiembre de 2007 – 12:13

    Hace menos de una hora que me levanté. Aún se me vienen a la cabeza fragmentos de la pésima película que vi ayer. Termino de hacer la cama y recuerdo que aún no he comprobado mi participación al “euromillón”. ¿Seré ya millonario y aún no lo sé?

    Si no recuerdo mal, el bote de esta semana era de sólo treinta millones de euros. Sólo treinta. Me siento frente a mi tft de diecinueve pulgadas y tecleo la palabra adecuada. Con un sólo ‘click’ accedo a la información que me interesa.

    No necesito buscar mi boleto. Los números de la combinación están grabados en mi memoria. Comienzo a leer.

    Dos. Treinta millones de euros. Eso es mucho dinero.
    Tres. Con semejante cantidad, la palabra problema carece de sentido.
    Treinta y tres. Pero son treinta millones…
    Treinta y cuatro. Podría resolver la vida de varias personas y seguiría siendo rico.
    Cuarenta y tres. ¿Sería capaz de no ceder a la ambición humana?

    Las estrellas, tres y cinco.

    Vuelta a la realidad… aún tengo que ir a lavar el coche.

    miércoles, 05 de septiembre de 2007 – 05:21

    Ya ha pasado mucho tiempo. Demasiado. Pero mi fantasma particular aún me persigue. Mi habitación. Hoy me he vuelto a despertar sobresaltado en mitad de la noche. Casi no recordaba ya esa sensación. Maldita sensación. De nuevo una pesadilla. Un mal sueño. Tú estás en él.

    Ya ha pasado mucho tiempo. Demasiado. Pero supongo que mi subconsciente no entiende de fechas, y que cualquier momento es válido para intentar obtener respuestas. No… debo olvidar… es mejor así.

    Intento reconciliar el sueño, pero es obvio que lo que ha pasado me ha dejado desorientado. ¿O quizás no?. Pruebo a ir al baño, me refresco la cara, bebo agua y vuelvo a intentarlo. Parece que todo va mejor.

    Y mientras noto como mi cuerpo se relaja y mi mente sucumbe al cansancio, sólo puedo pensar en una cosa. 

    Ya ha pasado mucho tiempo. Demasiado.