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    Poesía (sin título 2)

     
              Pequeña. Frágil. Mi pupila retiene tu mirada.
              Despojado del calor de tu seno. Indefenso. Desvalido.
              Es el precio a pagar por el don concedido. Estoy vivo.

              A tí te debo tanto, y es tan poco lo ofrecido a cambio...
              Tu cuerpo fué mi cuna, tu afecto es mi alimento,
              tu recuerdo será el apoyo que en el futuro me de aliento.

              Y aunque no soy perfecto, lo soy para tí,
              que me ves a través de tus ojos de ternura.
              Y es que no hay lugar para la hiel, donde nace la dulzura.

              Ayer... tan sólo era un niño.
              ¿Recuerdas? Pequeño y frágil me trajiste a este mundo.
              Y desde aquel precioso instante, no has parado, ni un segundo,
              de entregarme tu cariño.

              Hoy... ya soy hombre. Y mi pasión es amar a una mujer.
              Mujer que sepa quererme, como sólo tú me has sabido querer.
              Más tu lugar en mi corazón está vedado, a todo aquel incapaz de entender,
              que el verdadero amor no es otro, sino el fraguado, en las ardientes entrañas de tu ser.
     
                                                             (a mi madre) - ķå®мê£ø


    miércoles, 23 de abril de 2008 – 20:09

    "¿Tan mal te he caído que ya me quieres llevar a casa?"

    Fué entonces cuando me pillaste. De una pieza.

    Durante demasiado tiempo he intentado entender porqué. Algo. Cualquier cosa que pudiera llamar 'bueno' y que viniera después de todo lo 'malo'.

    Y todo el tiempo que he estado sentado aquí hablando contigo, he recordado algo que no creo que haya dicho a nadie.

    Aquel día estaba muy nervioso. Llegabas tarde y pensé que me habrías plantado. Lo cierto es que no me hubiese extrañado. Pero no fué así. Nunca olvidaré el momento en que vi aparecer tus rizos por la escalera. Tus botas rojas. Tu sonrisa. No parabas de excusarte. No parabas de hablar. Recuerdo que sentía mucha vergüenza. Me resultaba muy dificil mantener tu mirada. Mi corazón latía con fuerza.

    Aquel día aprendí una de las lecciones más bonitas que me ha ofrecido esta vida. No importa a cuantas personas conozcas. Ni a cuantas, de entre todas ellas, creas que puedes llegar a querer. No. No importa. Porque lo cierto es que sólo hace falta un instante, un detalle, una chispa
    una frase para enamorarse de alguien.

    Ese alguien fuistes
    eres siempre serás tú.

    Creo que
    cuando intento resumir como como me siento a veces en esta época del año me siento triste. No triste como si fuera a echarme a llorar, sino como si sonara una melodía de Jazz melancólica y triste.

    Y añoro una época en la que una chica que conocía y que tenía una sonrisa increíble y un corazón inmenso me hizo pensar
    que la vida puede ser fabulosa.

    domingo, 13 de abril de 2008 – 02:13

    kael'Thas, caminante del sol. Príncipe del reino de Quel’Thalas. Gran magistrado de los elfos de sangre. Consumido por tu insaciable sed de magia. Ahora no eres más que la sombra de lo que fuistes. Pobre diablo. Quisistes vengar a tu pueblo. Pero la venganza arde.

    La comitiva ha burlado tus defensa. Tu inexpugnable fortaleza ya ha caido. Tu odio te ha cegado, y ni siquiera eres capaz de ver cuan cerca te hallas de la muerte. De espaldas a nosotros, sigues observando mapas
    estudiando estratagemas que te evadan de la triste y cruda realidad.

    Ahora, mientras te observo desde la relativa tranquilidad que nos ofrece la antesala al trono, me doy cuenta que el filo de mi espada será por fin tu expiación.

    Mis compañeros me indican que ha llegado la hora. Asiento, pero no aparto la mirada. No hay tiempo para dudas. No hay tiempo para compasión. Desenvaino mi hoja. Me aferro al escudo. La gran puerta cede ante mi. Giras, y tus ojos se cruzan con los míos.

    Son extraños los segundos que preceden a la batalla. La sangre hierve en mis venas. Dejo que mi grito inunde de templanza nuestros corazones y, sin más, cargo sobre tí
    .

    kael'Thas, caminante del sol.
    Príncipe del reino de Quel’Thalas. Gran magistrado de los elfos de sangre. Hoy, tu espíritu será libre.